¿Decolonizar la cooperación?

América Latina es la región más desigual del mundo en donde la fortuna de los mil millonarios de la región ha aumentado desde el comienzo de la pandemia[i], mientras los pueblos indígenas y afrodescendientes ocupan mayores tasas de pobreza que el resto de la población[ii]. Esta desigualdad es un lastre colonial

Hablar de colonialidad desde y en Abya Yala[iii], es una referencia directa al modelo económico basado en el extractivismo y la concentración de la riqueza.  Según informes recientes de Oxfam[iv] los 252 hombres más adinerados del mundo poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas de África, América Latina y el Caribe. El modelo de desarrollo económico actual profundiza la dependencia y fortalece las relaciones jerárquicas entre países del norte y el sur global, mismas que se impusieron desde la colonización de 1492. Desde entonces se ha consolidado un modelo de privilegio y a la vez desprecio de las vidas que no se reflejan en dicho esquema: humano, hombre, blanco, burgués, heterosexual y cisgénero.

No es casualidad que las poblaciones más afectadas durante la pandemia en América Latina sean los grupos racializados, LGBTIQ+, población con discapacidad y en todos los casos, las mujeres y las niñas. La lógica colonial genera desigualdad porque afirma la jerarquía de unas vidas sobre otras.

En resistencia a estas dinámicas, estos mismos grupos poblacionales proponen luchas contrahegemónicas que buscan cuestionar y replantear el orden colonial y sus distintos matices. Una de estas luchas, el feminismo decolonial, surge en Abya Yala, enfatizando la intersección de las desigualdades de género, de raza y económicas y su relación con los modelos, instituciones y formas culturales, coloniales y neocoloniales. Al mismo tiempo, los feminismos comunitarios surgen como propuesta de las mujeres indígenas de la región destacando la resiliencia y poder de sus comunidades para hacer frente a estas estructuras. Defienden el territorio de prácticas neocoloniales como las industrias extractivas y cuestionan las lógicas del desarrollo que son opuestas a la propuesta del buen vivir, al tiempo de proponer alternativas de organización política, social y económica.

Al mismo tiempo, las disidencias sexuales y de género también cuestionan la colinialidad, particularmente al hacer el cruce con el feminismo decolonial, evidenciando que las formas cisnormativas y heteronormativas se derivan de pensamientos  patriarcales -coloniales y buscan resistirlos y reformularlos.

Estos pensamientos tienen un impacto en el debate público global. Su énfasis en el cuestionamiento de las instituciones y estructuras que continúan las tradiciones coloniales se conecta con el debate de si la cooperación internacional es parte de ese sistema y hasta qué punto se le puede atribuir producción, reproducción y legitimación de colonialidad.

Gracias a estos debates, diversos grupos dentro de todo Oxfam se están cuestionando cómo formas nuevas de cooperación pueden aportar a revertir las formas clásicas de poder. Particularmente desde Lac, un grupo de feministas avanzamos en acciones de reflexión y crítica externas e internas  en torno a los modelos coloniales y cómo afectan a la práctica de la solidaridad internacional y los feminismos.

La iniciativa responde a la necesidad primera de cuestionar ciertas miradas dentro de la práctica de la Cooperación al Desarrollo, inmersas incluso en los imaginarios del Sur y la práctica feminista, que pueden estar contribuyendo a producir, reproducir y legitimar lógicas coloniales dominantes, y, de diseminar estos pensares. Por ahora tenemos muchas preguntas y ninguna certeza más allá de saber que el camino al que aspiramos se trata de una transición más que de una transformación inmediata, y que solo tiene sentido si se camina junto a y aprendiendo de, por ejemplo, los feminismos de Abya Yala.

 

[i] El virus de la desigualdad. Informe de Oxfam. 2021

[ii] Panorama social de América Latina. Cepal. 2021

[iii] Abya Yala Abya Yala es el término con que los indígenas Cuna (ubicados en parte de Colombia y Panamá) denominaron ancestralmente al continente hoy conocido como América. Significa "tierra en plena madurez”.

[iv] Las desigualdades matan. Informe de Oxfam. 2022