La fórmula de la recuperación transformadora

El cuidado, la inversión en protección social y la tributación justa como reactivadores de la recuperación económica justa en América Latina y el Caribe.

 

Antes de la pandemia, América Latina y el Caribe (ALC) era la región más desigual del mundo en términos de ingresos. En la pospandemia lo seguirá siendo.

Antes de la pandemia, en ALC ya llevábamos 5 años de lento crecimiento y baja reducción de pobreza y desigualdad en la región, la inversión social y la generación de empleo se habían estancado[i]. Los servicios públicos esenciales –como la salud pública- no fueron adecuadamente financiados ni siquiera durante los años de alto crecimiento económico sobre todo asociado a las ganancias de las industrias extractivas y la agroexportación, panorama agravado por décadas de baja recaudación impositiva, así como alta evasión y elusión fiscal.

A la fecha, ALC registra el 20% de casos de COVID-19 y 32% de muertes totales en el mundo, a pesar de representar solo el 8,4% de la población[ii] y sin contar con el alto subregistro, situación crítica que resulta de condiciones de hacinamiento en las urbes, precariedad de servicios básicos de salud y saneamiento y débil respuesta estatal.

Como efecto inmediato de crisis múltiple derivada de la pandemia, en 2020 el PIB regional cayó 7,7% -el peor registro conocido- y retrocedimos 20 años en la pobreza extrema, aún a pesar de los esfuerzos de protección social de emergencia adoptadas por los Gobiernos.

En 2020, los países más ricos han invertido 695 dólares por habitante en protección social, mientras los más pobres entre 4 y 28 dólares[iii]; en ALC el promedio ha sido 78 dólares[iv]. Si bien estas medidas han frenado en algo la caída, en 2020 tres de 10 personas en la región viven en la pobreza, una de cada 10 en la pobreza extrema[v] y cinco de 10 caminan por la cornisa de la pobreza con ingresos por debajo de 3 veces la línea de la pobreza. En síntesis, ocho de 10 personas en ALC la pasan mal cada día o están en riesgo.

Pero no todo el mundo la pasa igual. Un millonario latinoamericano en 16 semanas ya se recupera, mientras que una familia de escasos recursos le toma 15 años, y a las más pobres incluso 2 generaciones o más. Y es que en ALC ser extremadamente rico está lleno de privilegios a su favor. Comparando los países de la región con los de la OCDE, el club de los países más ricos, la presión fiscal a la renta personal es casi 9 veces menor y la empresarial casi 3 veces menor[vi]. En proporción, mientras más dinero tienes, menos impuestos pagas.

Mientras tanto, para las familias más pobres o de ingresos vulnerables, las cuarentenas y la caída del empleo fueron un golpe devastador y en particular para las mujeres, “en promedio, la mayor parte de los ingresos de los hogares proviene del empleo remunerado, ya sea en situación de dependencia (48%) o por cuenta propia (23%)[vii]”.

De acuerdo con el PNUD, ocho de cada diez mujeres ocupadas están insertas en los sectores económicos más afectados por la crisis pandémica: servicios, comercio y hoteles[viii] y, al menos, la mitad se ocupa de tareas “no asalariadas”, situación que provoca la imposibilidad de generar ingresos y la mayor pérdida de fuentes laborales[ix].

Siete de 10 trabajadoras domésticas en la región, un sector de enorme peso en el empleo de mujeres y sobre todo migrantes, han reducidos sus ingresos por menos horas contratadas o menos paga[x]. Pero esto no quiere decir que las tareas de limpiar, planchar o cuidar a otras personas se haya reducido, todo lo contrario, la sobrecarga sigue sobre las mujeres y ahora incluso con menos paga.

Ya antes de la pandemia vivíamos una crisis invisibilizada con las tareas del cuidado desvalorizadas. El cuidado recae sobre todo en las mujeres, casi el triple de horas que los hombres en ALC, y es en su mayoría no remunerado, o mal remunerado, como en el caso de trabajadoras domésticas y otras cuidadoras. Las tareas de cuidado durante la pandemia se incrementaron mientras se le han añadido tareas no asumidas por el sistema educativo debido a la modalidad de clase en casa (alimentación, tareas, actividades lúdicas, apoyo emocional, entre otros) y, encima de todo, el incremento de la violencia machista dentro de los hogares.

En ALC las mujeres de todos los hogares, pero más en los empobrecidos, son víctimas de un círculo de exclusiones por esta asignación cultural de “cuidadoras”, siendo la primera la exclusión del círculo educativo. Menos horas para educarse y menos oportunidades por este rol implican desventajas de tiempo, salario, servicios o prestaciones sociales por el resto de sus vidas.

Afrontar la recuperación de esta múltiple crisis desde la igualdad es una oportunidad para recomponer la relación de la ciudadanía con el Estado y la confianza en la democracia con respuestas integrales, poniendo en el corazón de la agenda históricas brechas irresueltas.

Así, la provisión de servicios básicos universales, la recuperación de los ingresos de las familias con empleos dignos, sistemas públicos de salud debidamente financiados y adecuados sistemas de cuidados y protección social son políticas medulares para afrontar la recuperación de la crisis y prepararnos para siguientes eventos de crisis. Ya deberíamos apuntalar un consenso en esta dirección.

Casi siete de cada 10 empleos en la región lo generan micro, pequeñas y medianas empresas[xi], sector al que deberían orientarse las inversiones públicas y planes de rescate. Pero no será suficiente, el impacto de múltiples crisis –como los desastres de hambre y pandemia en Centroamérica[xii], la precariedad laboral y la baja productividad del empleo, hay que contar con mecanismos de apoyo a ingresos de los hogares pobres[xiii], deja un saldo de millones de personas pobres que necesitan una transferencia permanente o ingreso mínimo mensual.

A pesar de los más de 86 mil millones de dólares de esfuerzo adicional en transferencias y subsidios por la crisis gastados en 2020 (1,25% del PIB regional), cualquier programa transformador y robusto de protección social necesita recaudar más. El camino es la orientar la recaudación a la riqueza extrema, gravar más al capital, más al superávit extraordinario de las grandes empresas y más contundencia sobre la evasión y la elusión fiscal.

Entonces, hay que decirlo de una vez, los mitos y la desinformación no pueden condicionar las reformas políticas urgentes. Recientes estudios[xiv] señalan que los impuestos a las grandes fortunas no desincentivan la inversión o la innovación. Menos impuestos a las grandes fortunas tampoco generan mayor crecimiento económico o mayor creación de empleos[xv], son hechos, entonces, ¿por qué mantener estos privilegios?

Al 2018, la evasión y la elusión fiscales en la región equivalían al 6,1% del PIB regional[xvi]. Si le sumamos políticas monetarias internacionales como los Derechos especiales de giro[xvii] y el alivio de la deuda, el freno a la fuga de capitales y dividendos a paraísos fiscales, los costos de la corrupción, exenciones tributarias injustificadas y otras formas de captura del Estado, la ecuación recaudatoria podría cambiar de manera sustantiva en toda la región.

Entonces, ¿cuál sería el gasto social transformador tras la pandemia?

Un gasto público en salud recomendado es al menos del 6% del PIB, pero al 2019 el promedio regional era del 2,4% del PIB (con marcadas diferencias entre países y subregiones).

A pesar que el gasto regional en educación está cerca de las recomendaciones de UNESCO, o incluso supera en algunos países, la pandemia ha revelado también las brechas de calidad y acceso educativo cuando depende de la tecnología. Al 2018, en ALC solo 1 de cada 8 personas tienen acceso a banda ancha domiciliaria[xviii], mientras que por ejemplo en España es 1 de cada 3[xix]. Dado que la mayoría de la gente usa móviles –imagine 3 niños en casa con clases virtuales al mismo tiempo y uno o máximo dos móviles disponibles- 1 Gb cuesta 10% del ingreso del hogar en países como Bolivia, en Colombia 9% y Perú ronda el 8%. La ONU recomienda no más del 2% del ingreso familiar mensual.

Con la salud y la educación suficientemente financiadas, la fuerte participación laboral de mujeres en estos sectores sería un primer factor de avance en mejora de ingresos –con políticas claras de igualdad salarial, por supuesto. Estudios señalan que cerrar las brechas de género en la participación laboral incrementaría el PIB entre un 6% y un 9% en la región[xx].

Pero como ya se dijo, la crisis es profunda, la pobreza sigue en aumento y se necesita un giro decisivo en las políticas de transferencias monetarias. La Cepal calcula que un ingreso para todas las personas (universal) equivalente a la línea de la pobreza por todo un año alcanzaría al 19% del PIB, mientras que un ingreso universal que cubra la línea de la pobreza extrema significaría 8,9% del PIB[xxi], cifras poco realistas para el actual estado de la economía y recaudación latinoamericanas.

Por tanto, es necesario explorar opciones –como una transferencia universal mensual a menores de 17 años, con un equivalente del 5,5% del PIB regional y un decidido impacto sobre la pobreza extrema y moderada. Eso sí, marcando claramente que estas políticas no “remuneran el cuidado” y se universalizan en el grupo etáreo.

La igualdad de género implica una inversión y cambio cultural en la corresponsabilidad del cuidado, democratizar y desfeminizar el cuidado asumiéndose en igualdad entre las mujeres, los hombres y el Estado. De igual modo, se necesitan implementar sistemas de cuidados nacionales, territoriales, interseccionales, paritarios y pensados desde la economía feminista, pues se necesita atender la diversidad y particularidad de necesidades de las mujeres en sus entornos más inmediatos.

Experiencias pasadas de crisis profundas como la posguerra, señalan que las transferencias universales tienen un efecto expansivo en la economía, generan un mayor dinamismo y mejor conexión social con el Estado y lo público. Diversos experimentos señalan también no alejan a la gente del trabajo, sino más bien incentivan más la productividad y la formación[xxii].

Así, estas medidas no deben pensarse solo en el contexto de pospandemia sino de manera indefinida y creciente[xxiii]. Cambiar la ecuación aplica que el cuidado, la educación, la salud, la vivienda digna, el agua segura y otros derechos no sean como hasta ahora, “solo para quienes lo pueden pagar”.

 

 

[ii] Cálculo propio con datos extraídos de https://www.worldometers.info/coronavirus/about/ al 17 de junio de 21

[v] Ídem.

[vi] Al 2018, la presión fiscal del impuesto sobre la renta empresarial era del 3,5% y sobre la renta personal del 2,3% PIB regional (Cepal), mientras el promedio de los países de la OCDE (2019) es de 10% y 23,5% del PIB, respectivamente (OCDE).

[vii] Cepal, 2021. Op. Cit. Página 71.

[viii] UNDP Latin America and the Caribbean. (16 de setiembre de 2020). El coronavirus y los desafíos del trabajo de las mujeres en América Latina. Disponible en https://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/en/home/library/crisis_prevention_an d_recovery/el-coronavirus-y-los-retos-para-el-trabajo-de-las-mujeres-en-ame.html

[ix] Oxfam, 2020. Bajo el mismo techo. Hacia una protección social transformadora en América Latina y el Caribe https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/621132/bn-social-protection-covid-19-lac-annex-151220-es.pdf?sequence=15

[x] OIT, 2020, “Monitoreo de los mercados laborales en medio de los bloqueos para contener el virus COVID-19: contenido esencial de la encuesta de fuerza de trabajo (EFT) y tratamiento de grupos especiales”, Nota Técnica, Ginebra, abril

[xi] CEPAL. (2020). Acerca de Microempresas y Pymes. Disponible en https://www.cepal.org/es/temas/pymes/acercamicroempresas-pymes

[xiii] Ocampo, 2021. Op. Cit.

[xiv] Hope, D. and Limberg, J., 2020.The Economic Consequences of Major Tax Cuts forthe Richhttp://eprints.lse.ac.uk/107919/1/Hope_economic_consequences_of_major_tax_cuts_published.pdf

[xvi] Cepal 2021, op. Cit página 157.

[xviii] BID, 2021. Datos banda ancha en ALC. https://digilac.iadb.org/es/inicio

[xix] Banco Mundial, 2021. Datos del Banco Mundial: https://datos.bancomundial.org/indicador/IT.NET.BBND.P2

[xx] Berlien, K., Franken, H., Pavez, P., Polanco, D., Varela, P., 2016. Mayor participación de las Mujeres en la Economía Chilena. Santiago: Subsecretaría de Economía y Empresas de Menor Tamaño –Isónoma Consultorías Sociales Ltda. https://www.economia.gob.cl/wp-content/uploads/2016/05/Estudio-Incorporacion-Mujer-.pdf

[xxi] Cepal 2021, op. Cit página 179

[xxiii] Covid-19 has transformed the welfare state. Which changes will endure? in The Economist, March  6th Edition: https://www.economist.com/briefing/2021/03/06/covid-19-has-transformed-the-welfare-state-which-changes-will-endure