Por una reconstrucción feminista para la sostenibilidad de la vida en Bolivia

La mañana después de la COVID 19 en Bolivia seguro estará protagonizada por mujeres. Millones de madres, abuelas, hermanas e hijas tomarán las calles como un enjambre de ocupadas abejas reconstruyendo la vida. Y es que, como en toda crisis, son ellas quienes servirán el té caliente de quienes no terminan de recuperarse, vestirán a los niños y niñas que retornan a clases y, apuradas, saldrán al comercio informal para generar el ingreso que alimente a sus familias. Y todo ese esfuerzo de seguro no será contabilizado por las cuentas nacionales que prefiere centrar su atención en la recuperación de una economía que no considera como centro la reproducción de la vida.

Si hay un tema de consenso en las discusiones que ha traído la pandemia es la necesidad urgente de repensar la manera en que organizamos la producción, el comercio y los servicios, centrados hasta hoy en la generación de ganancias. Una de las mayores lecciones que nos ha dejado el primer año de pandemia en el mundo es la marcada desvinculación entre lo que consideramos crecimiento económico, con lo que realmente es central para la reproducción de la vida. Una muestra de esa desconexión es que, la respuesta estatal de confinamiento para mitigar los impactos de la pandemia en Bolivia sólo profundizó las desigualdades de género que ya arrastrábamos antes de su llegada, poniendo en riego el avance sostenido hacia la autonomía económica de las mujeres.

La autonomía económica de las mujeres depende de la capacidad de generar ingresos y recursos propios a través del trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres; por ello toma en cuenta el uso del tiempo y la contribución de las mujeres a la economía.[i] La necesidad de analizar la autonomía económica desde un enfoque multidimensional que trasciende la pobreza monetaria ha significado un aporte esencial de la economía feminista a las políticas públicas, con la incorporación de la idea de los “déficits de tiempo” asociados a la organización social de los cuidados que reproducen desigualdades.[ii]

Antes de la pandemia, el 31,3% de las mujeres bolivianas entre 15 años y más no tenía ingresos propios frente a 7,6 % en el caso de los hombres[iii]. Las menores oportunidades de empleo de las mujeres en comparación con los hombres se reflejaban en una mayor “insuficiencia del ingreso”: 72% de los hombres percibían un ingreso laboral por encima de dos líneas de pobreza, frente a sólo 42% en el caso de las mujeres. Esta desigualdad se traducía en un mayor índice de feminidad de la pobreza: 110 mujeres viviendo en hogares pobres por cada 100 hombres en la misma condición.

El impacto de la ralentización de la economía, las cuarentenas y la paralización de las actividades económicas han afectado las oportunidades y la posibilidad de generación de ingresos de millones de mujeres bolivianas. Se ha estimado que entre 2019 y 2020, más de 241 mil mujeres han perdido su fuente de trabajo en áreas urbanas. Al mismo tiempo, una gran proporción de mujeres que estaban ocupadas antes de la crisis sanitaria, han pasado hoy a engrosar el ejército de más de 1,5 millones de bolivianas que conforman la población económicamente inactiva; es decir, que han sido expulsadas de la fuerza de trabajo.

En Bolivia se calcula que 4,5 millones de personas en situación de dependencia (niños, niñas y adolescentes; personas adultas mayores, personas con discapacidad y enfermedades graves) requieren cuidado.[iv] Se ha estimado que los hogares que viven en condiciones de pobreza, son los que concentran la mayor parte de la población en situación de dependencia. Para fines de 2018 se calculó que 8 de cada 10 personas que requerían cuidado en el país vivían en hogares pobres.

La necesidad de reorganizar las actividades que sostienen la vida como consecuencia del teletrabajo, del cierre de las escuelas y de los centros de cuidado infantil; además de atender a enfermos por COVID-19, entre otras causas, provocaron la profundización de la ya desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidado ocasionando la “refamiliarización” y la “refeminización” de los cuidados. Se calcula que, durante la cuarentena rígida, las mujeres asumieron la mayor responsabilidad del trabajo doméstico y de cuidado asociado, por ejemplo, a la necesidad de prevención del contagio.[v]

Por toda esta información con la que contamos, es necesario imaginar la reconstrucción con cambios estructurales en la manera en la que, como sociedad, organizamos la vida. Para ello, es imprescindible contribuir a la consolidación de acuerdos a favor de la corresponsabilidad social y pública del cuidado. Ésta difícil pero necesaria tarea requiere del compromiso del Estado, la comunidad, el sector privado, la familia, hombres y mujeres en torno a la relevancia del valor que le asignamos al trabajo doméstico y de cuidados que sostiene la vida, muchas veces invisibilizado.

Desde Oxfam en Bolivia, en el día internacional del trabajo doméstico, presentamos nuestro informe: “La mañana después de la COVID-19: autonomía económica de las mujeres
para la sostenibilidad de la vida en Bolivia”, como  aporte a la reflexión sobre los desafíos urgentes para avanzar en una agenda de interés común. Tenemos la firme convicción de que es posible avanzar hacia la despatriarcalización, combatiendo paso a paso, todos y cada uno de los nudos que hoy impiden el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres.

 

[i] CEPAL. Observatorio de igualdad de género de América Latina y El Caribe. Disponible en: https://oig.cepal.org/es/autonomias/autonomia-economica

[ii] Para una comprensión más profunda sobre los aportes de la economía feminista y la economía del cuidado al estudio de la desigualdad véase: Rodríguez Enríquez, Corina. “Economía feminista y economía del cuidado. Aportes conceptuales para el estudio de la desigualdad.” Disponible en: https://nuso.org/articulo/economia-feminista-y-economia-del-cuidado-aportes-conceptuales-para-el-estudio-de-la-desigualdad/#footnote-6

[iii] El índice de feminidad en hogares pobres compara el porcentaje de mujeres pobres de 20 a 59 años respecto de los hombres pobres en el mismo tramo de edad.

[v] Oxfam (2021). “La mañana después de la COVID-19: Autonomía económica de las mujeres
para la sostenibilidad de la vida en Bolivia”. La Paz.