Las medidas de contención y confinamiento por el coronavirus han tenido un impacto en la seguridad alimentaria de las familias en República Dominicana, sobre todo en aquellas que dependen de trabajos informales y que viven en pobreza. Foto: Valerie Caamaño/Oxfam

Las medidas de contención y confinamiento por el coronavirus han tenido un impacto en la seguridad alimentaria de las familias en República Dominicana, sobre todo en aquellas que dependen de trabajos informales y que viven en pobreza. Foto: Valerie Caamaño/Oxfam

Temporada de huracanes en tiempos de COVID-19

 

¿Qué hacer con las personas afectadas por fenómenos naturales en medio de la pandemia? Debemos pensar en este escenario como altamente posible en los próximos días para los países de América Latina y el Caribe.

Junio llega con dos titulares que llaman la atención: “América Latina es el nuevo centro de la pandemia” y “Se anticipa una temporada ciclónica más activa de lo normal en el Atlántico”.

Y no es para menos, empezamos junio con más de un millón de casos de contagio de COVID-19, con una tasa de mortalidad alta, que supera el 5%, y en ninguno de los países se ha alcanzado el pico de contagio aún, tampoco se sabe con certeza cuándo llegará.

Solo Brasil ha superado rápidamente el medio millón de casos hasta este momento y se convierte en una preocupación importante para la región. Perú desnuda los efectos de la baja inversión histórica en su sistema de salud y ocupa el segundo lugar en número de contagios; además, junto con Colombia y Ecuador, entidades de derechos humanos y organizaciones han lanzado una alerta sobre la población en la Amazonia, especialmente sobre los pueblos indígenas. Bolivia ya alcanza la cifra de 1,000 contagios por millón de habitantes.

Sobre Venezuela poco se sabe, solo que la situación es muy grave. De acuerdo con Human Rights Watch, más del 30% del personal médico indica que no cuenta con servicio de agua y el 64% señala que este servicio es intermitente; los datos sobre disponibilidad de jabón, alcohol o elementos básicos de bioseguridad son aún más preocupantes, existe acaparamiento y no hay disponibilidad. Aún así, unas 60,000 personas migrantes han decidido regresar, principalmente desde Colombia, pero también desde otros países en América del Sur, modificando su discurso de “nos vamos porque no tenemos nada que comer” al “regresamos porque preferimos morir en nuestro país”.

Curva de crecimiento de los contagios en LAC desde el inicio de la pandemia. Fuente: PAHO.

El panorama no es mejor para Centroamérica y El Caribe. Las alarmas sobre Haití y Nicaragua no dejan de estar encendidas y la preocupación por saber con exactitud lo que ocurre ahí es constante. La capacidad de hacer pruebas y tratamientos es comparativamente menor con el resto de los países en estas dos subregiones y el hecho de que el número de contagios aquí sea menos elevado no es motivo de tranquilidad.

El COVID-19 incrementa las vulnerabilidades ante los fenómenos naturales

La Administración Nacional Oceánica de los Estados Unidos, pronostica que para la temporada ciclónica este 2020 (de junio a principios de diciembre) se formarán entre 13 y 19 tormentas tropicales “con nombre”, es decir, que pueden causar daños importantes. De ellas, entre 6 y 10 se pueden convertir en huracanes, de los cuales, entre 3 y 6 pueden llegar a ser huracanes mayores.

Las temporadas ciclónicas promedio tienen 12 tormentas y 6 huracanes, de ahí la conclusión de que en el Atlántico viviremos una temporada con actividad superior al promedio. Si a esto le añadimos los impactos del COVID-19 podríamos vislumbrar uno de los peores escenarios posibles para los países en los que la vulnerabilidad de las personas y, por ende, las desigualdades, eran ya alarmantes.

Parte del trabajo ante desastres que hacemos en Oxfam, con nuestras organizaciones socias en los países en los que trabajamos, consiste en informar a las comunidades sobre medidas de preparación y respuesta. Por ejemplo, indicamos cómo y a dónde acudir en caso de lluvias torrenciales, vientos huracanados y/o inundaciones durante la temporada ciclónica. Preparamos también a grupos de personas para ayudar en la gestión de lugares seguros para garantizar la dignidad de las personas y salvaguardarlas de los riesgos que se derivan de dejar sus casas y estar por días, semanas o meses en sitios altamente concurridos, y muchas veces, con personas desconocidas.



Debido a la sequía de años anteriores y el COVID-19, familias en el Corredor Seco en Honduras enfrentan una crisis alimentaria prolongada. Sin posibilidad de cosechar, ni de comercializar sus productos, su seguridad alimentaria está en riesgo. A ellos les entregamos transferencias de efectivo incondicionales, les damos charlas sobre prevención ante la pandemia y equipo de protección personal. Foto: CASM.

Justo sin siquiera terminar mayo, la tormenta tropical Amanda ha pasado por Centroamérica, impactando especialmente a comunidades en El Salvador y Guatemala que además ya sufrían cuatro afectaciones previas: forman parte del Triángulo Norte, una de las zonas más violentas del mundo, que además lleva casi cinco años en una sequía prolongada provocando inseguridad alimentaria crítica. Aquí la población sufre los rigores del COVID-19 desde marzo, no solo por el contagio, sino por la cuarentena, la imposibilidad de salir a trabajar, el incremento de los precios del maíz y el acaparamiento de alimentos por aquellos que tienen más capacidad y que temen quedarse sin suministros.

¿Qué hacer con las personas afectadas? Imposible llevarlas a albergues en donde las situaciones de contagio serían inmanejables y en las que la “acción con daño” sería inminente. No tenemos una respuesta definitiva, pero debemos pensar en este escenario como altamente posible en los próximos días para todo Centroamérica y el Caribe, pero también para cualquier país de las Américas que pueda verse afectado por fenómenos naturales, como terremotos, ¿qué haremos con las personas a las que queremos apoyar en este contexto?

Indudablemente, vamos a seguir acompañando a las personas afectadas por crisis dentro de otras crisis. Seguiremos trabajando en recordar que la responsabilidad primaria, no solo de la respuesta, sino de la preparación, es de los Estados. Motivaremos fuertemente la reflexión sobre las mejores prácticas y la aplicación de la acción sin daño. También mantendremos muy presente que las afectaciones son siempre desproporcionadas y que en estos contextos, vivir en pobreza, ser mujer, niña, indígena y negra, agregan cargas adicionales y diversas afectaciones cuando los desastres nos golpean.

Las pandemias no conocen fronteras, tampoco debería la solidaridad. Con tu ayuda, podemos salvar vidas.