La ley del mas rico

Gravar la riqueza extrema para acabar con la desigualdad

Fecha de publicación: 
Jueves, 12 Enero, 2023

Tres años después del inicio de la pandemia de la Covid-19, y de la crisis inflacionaria posterior, América Latina y el Caribe se ha convertido en una región más desigual, más empobrecida y mucho más polarizada social y políticamente. Pero estas múltiples crisis no han afectado a todas las personas por igual. Puede parecer obvio, pero la brecha es gigantesca cuando medimos el desproporcionado aprovechamiento que una élite de ultra
ricos ha sacado de esta situación. Entre marzo 2020 y noviembre 2022, la riqueza de los milmillonarios de la región aumentó en un 21%,1 un crecimiento 5 veces más rápido que el PIB de la región durante el mismo periodo (+3,9%), y muy por encima de las previsiones de CEPAL2 para 2023, que afirmaban que no se superará el 1,3%. La riqueza de unos pocos se ha disparado, mientras la economía se ha ralentizado.


Las múltiples crisis actuales han disparado esta súper crisis de extrema desigualdad, pero es un fenómeno que ha venido alimentándose a lo largo de décadas de inacción política y ha creado una realidad paralela para los ultra ricos frente al resto de la población. Un ejemplo de ello es que, a lo largo de los últimos 10 años, por cada 100 dólares estadounidenses (USD) de nueva riqueza creada en Colombia3, 45 USD han ido a parar a manos del 1% más rico y tan solo 12,4 USD al 50% más pobre. Otro es el caso de El Salvador, donde el 1% más rico del país se ha llevado 4 veces más de la nueva riqueza que el 50% más pobre. Para Honduras y Guatemala, entre 2020 y 2021, el 1% más rico del país se llevó 7 veces más que la mitad más pobre de ambos países. Cuando el modelo económico alimenta esta espiral de concentración tan extrema de la riqueza, las crisis se convierten en una nueva oportunidad de enriquecimiento para unos pocos. Así, el 1% más rico de Brasil concentra ya prácticamente la mitad de la riqueza del país, frente a apenas un 20,3% en manos del 90% más pobre5, mientras que —a pesar de los recientes esfuerzos por recuperar el poder adquisitivo del salario mínimo tras décadas de rezago— el hombre más rico de México cuenta con una fortuna superior a la de la mitad más pobre de la población, en un país más de 130 millones de habitantes.


Este boom de ultra ricos y de la concentración de riqueza en la región en tan pocas manos es el resultado del aprovechamiento de distorsiones del mercado por parte de unos pocos, a costa de negar derechos sociales, económicos y laborales a millones de personas, así como del avance de las emergencias climáticas y de la devastadora explotación de la naturaleza y de las riquezas naturales de los países, que deberían ser propiedad de toda su población. Muchos de estos ultra ricos lo son en sectores como el minero y energético, donde están sacando ahora un beneficio extremo de un ciclo favorable de los commodities, en una región cuyas economías son altamente dependientes de la exportación de materias primas. Beneficios para unos pocos en América Latina y el Caribe, a expensa de la naturaleza y de la gran mayoría de las personas, especialmente mujeres, indígenas y personas racializadas.