Justicia de género y derechos de las mujeres

La violencia contra las mujeres es una de las mayores expresiones de desigualdad y uno de los temas que más nos preocupan en Oxfam. América Latina y el Caribe tienen 14 de los 25 países con mayores niveles de feminicidios. Contar con un movimiento de mujeres feministas fuerte es clave para poder enfrentar esta grave situación. Por ello, junto con decenas de organizaciones de mujeres y feministas, apoyamos diferentes acciones, como los 16 días de activismo contra la violencia hacia las mujeres, paros internacionales de mujeres y foros feministas.

Cada día, las mujeres de todos los países del mundo sufren desigualdad y discriminación. Se enfrentan a situaciones de violencia, abusos y un trato desigual tanto en su hogar, como en su entorno de trabajo y sus comunidades solo por el hecho de ser mujeres. También se les niegan oportunidades para aprender, obtener ingresos, hacer oír su voz y liderar.

La mayor parte de las personas que viven en situación de pobreza son mujeres. En comparación con los hombres, tienen un menor acceso a recursos, poder e influencia, y pueden experimentar una mayor desigualdad debido a su clase, etnia o edad, así como debido a creencias religiosas y fundamentalistas.

La desigualdad de género es un factor clave de la pobreza y menoscaba gravemente los derechos de las mujeres.

Justicia de género para vencer la pobreza

En Oxfam, entendemos la justicia de género como la igualdad y equidad total entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida. Como resultado, las mujeres, al igual que los hombres, pueden definir y contribuir al diseño de las políticas, estructuras y decisiones que afectan a sus vidas y a la sociedad en su conjunto.

Mejorar la legislación y las políticas es necesario, pero no suficiente. Si queremos poner fin a la pobreza y combatir la desigualdad, debemos transformar también las relaciones de género y poder, así como las estructuras, normas y valores sociales que las determinan.

Creemos que uno de los factores más importantes a la hora de mejorar de forma sostenida los derechos de las mujeres es que estas asuman el control y emprendan acciones colectivas, pues son una poderosa fuerza para poner fin a la pobreza de todas las personas.

 

Los derechos de las mujeres en el centro de todo nuestro trabajo

Tanto si estamos respondiendo a una situación de emergencia, como trabajando en proyectos a largo plazo con comunidades o haciendo campaña para lograr un cambio duradero, combatimos la desigualdad y la discriminación arraigadas que mantienen a las mujeres sumidas en la pobreza. Colaboramos estrechamente con organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres para abordar las desigualdades de género de forma eficaz.

Hemos sido testigos de los beneficios de garantizar un igual acceso a oportunidades laborales, a la salud, a la educación y a los procesos de toma de decisiones, así como de garantizar que las mujeres puedan vivir libres de violencia. También hemos sido testigos de los beneficios que aporta que las mujeres y las niñas puedan hacer sus propias elecciones y hacer oír su voz de forma colectiva, así como de que las instituciones tengan en cuenta sus necesidades e intereses.

La justicia de género no es únicamente garantizar derechos fundamentales. También se trata de garantizar medios clave para lograr sociedades más justas y, así, erradicar la pobreza. Y todos y todas tenemos un papel fundamental que desempeñar para lograr que esto sea una realidad.