
América Latina y el Caribe sigue fallándole a la mitad de su población. Atrapada en una polarización que profundiza la desigualdad, la región continúa contando femicidios, agresiones, desapariciones y violencias digitales. Mientras tanto los Estados responden con migajas y retroceden en derechos, y apenas invierten en políticas públicas de prevención, protección y reparación frente a la violencia de género[1], contribuyendo a poner en peligro la vida de las mujeres y personas de las diversidades. Hoy, 25 de noviembre, Oxfam reafirma: la violencia contra las mujeres no es un problema doméstico, sino el mayor indicador de desigualdad y fracaso político en la región.
Hace un año, Oxfam presentó el informe Rompiendo Moldes 2, alertando sobre imaginarios y prácticas que sostienen la violencia y la desigualdad de género en toda la región. Un año después, las cifras siguen sin mejorar. Al cierre del 2024 MundoSur[2], reportó un aumento de feminicidios frente a 2023, equivalente a 13 asesinatos por razones de género cada día. Es decir, uno cada dos horas.
Cada feminicidio revela una falla estructural que golpea con más fuerza a quienes viven en condiciones de pobreza y marginación. Según la CEPAL (2025), 183 millones de personas en la región viven en pobreza y 72 millones en pobreza extrema. El impacto es desigual: una de cada cuatro mujeres no cuenta con ingresos propios, frente a menos de uno de cada diez hombres.
Los espacios democráticos se debilitan: instituciones de igualdad desmontadas, presupuestos recortados, defensoras criminalizadas y discursos antiderechos convertidos en política de Estado. No hay democracia posible cuando los gobiernos retroceden en la protección de quienes más lo necesitan. Si la democracia está en riesgo, entonces la vida también.
Pero también hay esperanza: las defensoras ambientales y de derechos humanos son el motor de la lucha climática y social, como quedó evidenciado en la reciente COP30. Desde la Amazonía hasta el Caribe, exigen el fin de los extractivismos violentos, la criminalización de los liderazgos comunitarios y la urgencia de poner la vida, y no los intereses corporativos, en el centro de las decisiones climáticas. Hoy, junto a ellas, iniciamos los 16 días de activismo, reconociendo que el feminismo no solo denuncia la violencia, sino que construye presentes dignos.
Y cerramos reforzando que nuestra lucha es global: la defensa de las mujeres en América Latina es inseparable de la defensa de las mujeres en Medio Oriente y en todos los territorios ocupados. Porque la vida no tiene fronteras, la solidaridad feminista y antirracista tampoco.
Romper el molde es abrir caminos hacia vidas libres de violencias. #16DíasDeActivismo
[1] Según el indicador 5.c.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que mide el compromiso de los Estados en financiar políticas de igualdad de género, solo alrededor del 26% de los países cuenta con sistemas integrales para monitorear y asignar fondos específicos a la igualdad de género.
[2] https://mlf.mundosur.org/lupa
