Autor: Iván Aguilar- Gerente Humanitario de Oxfam en Centroamérica
Fotografía: Carlos Zapparoli / Oxfam
Una evaluación realizada en 58 municipios de Guatemala, Honduras y El Salvador revela pérdidas generalizadas de cultivos, menor acceso al agua y crecientes riesgos para la seguridad alimentaria de miles de familias rurales.
En varias comunidades del Corredor Seco, la pregunta ya no es cuánto producirán las familias este año, sino cuánto tiempo podrán resistir sin nuevas pérdidas. La sequía asociada al fenómeno de El Niño 2026 está dejando huellas visibles en los medios de vida rurales de Guatemala, Honduras y El Salvador. Lo que comenzó como una temporada marcada por lluvias insuficientes se está traduciendo en cosechas reducidas, menos oportunidades de empleo y mayores dificultades para acceder al agua.
Una crisis que va más allá de las cosechas
A primera vista, los datos parecen describir una emergencia agrícola. Sin embargo, la realidad es más compleja. Cada pérdida de cosecha tiene efectos que se extienden mucho más allá de la parcela. La reducción de alimentos disponibles afecta los patrones de consumo familiar, limita la generación de ingresos y aumenta la presión sobre otras estrategias de supervivencia, incluida la migración.
Lo observado durante la evaluación confirma que los impactos climáticos se están acumulando sobre comunidades que ya enfrentaban altos niveles de vulnerabilidad. La crisis afecta simultáneamente la seguridad alimentaria, los medios de vida, el acceso al agua y la capacidad de recuperación de miles de hogares rurales.

Lo que puede ocurrir en los próximos meses
La preocupación no se limita a las pérdidas ya registradas. Los pronósticos climáticos regionales apuntan a la continuidad de condiciones deficitarias de lluvia durante una etapa clave del ciclo agrícola de postrera. Si esta tendencia se mantiene, muchas familias podrían enfrentar nuevas reducciones en la producción de alimentos y en sus ingresos durante los próximos meses.
Existe además el riesgo de que los períodos de hambre estacional de 2026 y 2027 lleguen a superponerse, ofreciendo únicamente un alivio temporal asociado a los ingresos provenientes de las cosechas y del corte de café.
La necesidad de actuar antes de que la situación empeore
Los resultados de esta evaluación buscan aportar evidencia para que gobiernos, organismos internacionales, donantes y actores humanitarios puedan responder de manera oportuna.
La magnitud de los impactos observados refuerza la necesidad de combinar asistencia inmediata con inversiones sostenidas en adaptación climática, gestión del agua y fortalecimiento de los medios de vida rurales.
Detrás de cada dato presentado en este informe hay hogares que enfrentan decisiones cada vez más difíciles para garantizar su alimentación y sostener sus medios de vida. Escuchar y documentar estas experiencias es un paso fundamental, pero también lo es actuar antes de que una nueva temporada de pérdidas profundice aún más la vulnerabilidad en el Corredor Seco centroamericano.
Los hallazgos de esta evaluación son resultado del trabajo articulado entre organizaciones que conocen de primera mano la realidad de las comunidades rurales más afectadas por la crisis climática. Agradezco el esfuerzo de los equipos de Oxfam, ASEDECHI, ASEDE y Corazón del Maíz en Guatemala; PRO-VIDA, CORDES y Fundación Campo en El Salvador; CAFEG, ASONOG, CARITAS y CASM en Honduras; y de Acción contra el Hambre. Su presencia en el territorio y su relación de confianza con las comunidades hicieron posible recoger información clave para visibilizar una situación que exige atención urgente.
Puede consultar el informe completo aquí:
https://lac.oxfam.org/informe-la-sequia-los-cultivos-y-el-corredor-seco-centroamericano/

